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miércoles, 21 de septiembre de 2016

Anticomunismo y prefascismo

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Nota del administrador del Blog 

Beniezu
         
       Reproduzco en este Bloc un interesante articulo de Jean Paul Marat  sobre el comunismo y el pre fascismo. Y sobre el comunismo  diremos que es  un concepto político del cual y en las sociedades controladas por el neo liberalismo burgués apenas  se le nombra, y no es porque les es indiferente sino todo lo contrario, les inquieta y mucho hasta el extremo de gastarse miles de millones en sus presupuestos de guerra psicológica en la tarea de pretende ningunear lo para  hacerlo invisible e inexistente para facilitar la expansión de oscuras ideologías tales como el  neo fascismo. Estas tácticas forma parte de sus estrategias  de guerra psicológica o "GUERRA DE CUARTA GENERACIÓN" para la continuidad y fortalecimiento del  estatus político social del capitalismo frente a su enemigo potencial el comunismo en una guerra  soterrada e invisible pero intensa.   
Anticomunismo y prefascismo
Jean Paul Marat  

          El anticomunismo no es algo nuevo. Existe desde que surgieron las primeras organizaciones obreras, incluso antes: desde que los primeros teóricos comunistas empezaron a difundir sus ideas.
          El anticomunismo español tiene su propia historia.
          El franquismo fue ante todo anticomunista. Centinela de Occidente se hacía llamar el Caudillo, por aquello de la vigilar y combatir la masonería y el comunismo internacionales.
          La España heredada de Franco, primero por Suárez, luego por Felipe González vino marcada por aquél sello. El Felipe González de “hay que ser socialistas antes que marxistas”– cuyo liderazgo en un nuevo PSOE tolerado por el franquismo agonizante fue diseñado por la CIA, según cuenta Alfredo Grimaldos en su libro “Claves de la Transición”-, fue un gran anticomunista de feria. Su famosa frase “Prefiero morir apuñalado en el metro de Nueva York que de aburrimiento en las seguras calles de Moscú” era toda una declaración de principios. Luego navegaría en el Azor de Franco y diría lo de “gato blanco, gato negro, qué más da; lo importante es que cace ratones”, citando a Deng Xiaoping, para explicar su política social-liberal. Hoy es socio de Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo, y apoya a los guarimberos y terroristas que quieren acabar con la revolución bolivariana para favorecer sus intereses económicos en Venezuela. Un “socialista” de la catadura moral de Bettino Craxi o de Carlos Andrés Pérez.

             Eran os años del “pragmatismo” en los que Alfonso Guerra era ya un precursor de la política espectáculo que proclamaba “prefiero un minuto de televisión que 10.000 militantes”. En estos días Pablo Iglesias afirma en una entrevista concedida a El País que la televisión es una “productora de sentido común”, ese concepto con el que Podemos sustituye cualquier argumento político. Y aclara que su partido “no se explica sin la televisión”. ¡Vaya, como que nació en un plató! La televisión y las redes sociales, son los gran entontecedores de masas, donde algo es verdad porque sale en ellas y se repite.
              Ese vaciamiento de la identidad política y la reideologización subsiguiente, a la que están siendo sometidas las clases populares, han permitido a Pablo Iglesias hacer gala de su cinismo anticomunista sin inmutarse al declarar que“Marx y Engels eran socialdemócratas”, negando de un plumazo el carácter comunista y revolucionario de ambos.
          Leamos que decía  Marx de la socialdemocracia en “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”:
         “A las reivindicaciones sociales del proletario se les limó la punta revolucionaria y se les dio un giro democrático; a las exigencias democráticas de la pequeña burguesía se les despojó de la forma meramente política y se afiló su punta socialista. Así nació la socialdemocracia. La nueva Montaña [el partido de la pequeña burguesía], fruto de esta combinación, contenía, prescindiendo de algunos figurantes de la clase obrera y de algunos sectarios socialistas, los mismos elementos que la vieja, sólo que más fuertes en número. Pero, en el transcurso del proceso, había cambiado, con la clase que representaba. El carácter peculiar de la socialdemocracia consiste en exigir instituciones democrático-republicanas, no para abolir a la par los dos extremos, capital y trabajo asalariado, sino para atenuar su antítesis y convertirla en armonía”
          Engels tampoco fue especialmente amable con la socialdemocracia en su prefacio a la edición polaca de 1892 del“Manifiesto Comunista” (1848);
        “Y, sin embargo, cuando apareció no pudimos titularlo Manifiesto Socialista. En 1847, se comprendía con el nombre de socialista a dos categorías de personas. De un lado, los partidarios de diferentes sistemas utópicos, particularmente los owenistas en Inglaterra y los fourieristas en Francia, que no eran ya sino simples sectas en proceso de extinción paulatina. De otra parte, toda suerte de curanderos sociales que aspiraban a suprimir, con sus variadas panaceas y emplastos de toda suerte, las lacras sociales sin dañar en lo más mínimo al capital ni a la ganancia. En ambos casos, gentes que se hallaban fuera del movimiento obrero y que buscaban apoyo más bien en las clases “instruidas”. En cambio, la parte de los obreros que, convencida de la insuficiencia de las revoluciones meramente políticas, exigía una transformación radical de la sociedad, se llamaba entonces comunista. Era un comunismo apenas elaborado, sólo instintivo, a veces un poco tosco; pero fue asaz pujante para crear dos sistemas de comunismo utópico: en Francia, el “icario”, de Cabet, y en Alemania, el de Weitling. El socialismo representaba en 1847 un movimiento burgués; el comunismo, un movimiento obrero. El socialismo era, al menos en el continente, muy respetable; el comunismo era precisamente lo contrario. Y como nosotros ya en aquel tiempo sosteníamos muy decididamente el criterio de que “la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma”, no pudimos vacilar un instante sobre cuál de las dos denominaciones procedía elegir. Y posteriormente no se nos ha ocurrido jamás renunciar a ella.
        Que Marx y Engels estuvieran ligados al Partido Obrero Socialdemócrata Alemán (SDAP) dirigido por Wilhelm Liebknecht, uno de sus seguidores, se debe a que la orientación de este partido era entonces revolucionaria. La fusión posterior del SDAP con la secta lassalleana, adoptando el ultrarreformista Programa de Gotha, fue combatido duramente por ambos pensadores revolucionarios, que llegaron a plantearse su continuidad o no en lo que luego se llamaría SPD.
       Para que se me entienda: mientras la socialdemocracia de los herederos de Lassalle, Kaustky, Berstein y demás pandilla es gradualista y reformista, no cuestiona el orden democrático burgués, ni el sistema capitalista, los comunistas buscamos la ruptura radical con el capitalismo por vía revolucionaria y planteamos que, tras la toma (no la ocupación electoral) del Estado, este debe ser destruido en su estructura burguesa para ser sustituido por un Estado de la clase trabajadora.
       Tras la majadería del farsante Pablo Iglesias sobre la supuesta condición socialdemócrata de Marx y Engels para escamotear que eran comunistas (como hizo en su día el 15M con su “sin banderas”, para obligar a los comunistas a prescindir de ellas y de sus propuestas), Alberto Garzón se permitió el lujo de declararse de tal ideología. Con ello sólo quería cubrir un supuesto flanco izquierdo electoral a la coalición. Garzón, el PCE e IU, de comunista sólo tienen el nombre pues, en cuanto a definición de lo que es ser socialdemócrata, los tres cumplen al dedillo tales requisitos.
        Hoy la pantalla, el vídeo de youtube o la última simpleza viralizada en twitter, son el soma desde el que se trata a la audiencia, no como público, ni siquiera como personas, sino como epsilones cuya función excluye el pensar y se centra en repetir como reflejos condicionados los eslóganes de una absurda campaña plagada de elipsis, ocultaciones y mentiras y en aplaudir a unos líderes mezquinos a la altura de un tiempo mediocre.
        Es en ese contexto de desmemoria, vacío de contenidos, disimulos, engaños, cinismo y reideologización reaccionaria, donde todos corren para situarse más y más a la derecha, las 4 candidaturas principales de esta campaña vomitan su anticomunismo más repulsivo. Unos (PP, PSOE, Ciudadanos) acusando a los otros de comunistas, bolivarianos, “extremistas”. Los otros (Unidos Podemos) girando, ante cada acusación de radicales por sus tres competidores, otros 30 grados a la derecha y añadiendo una ristra de nuevos insultos a los comunistas para tranquilizar a los sectores más reaccionarios (amplios) de sus potenciales votantes y al capital, que ya le ve como su caballo de refresco:
       Pablo Echenique (ex votante de Ciudadanos y partidario de la invasión de Irak en su día): “El comunismo es algo viejo, que no funcionó”
        Íñigo Errejón: “Los comunistas y los socialdemócratas son especies del pasado” . Seguramente su ideología peronista, que reconoce un “hilo” común con Marine Le Pen, de “la necesidad de volver a reconstruir comunidad y sentirse parte de algo” sea algo muy moderno para él.
        Owen Jones (esa especie de Errejón británico), una de las referencias europeas de Podemos: “Venezuela es un Estado horrible”
        Pablo Iglesias: “Lo que temen realmente de nosotros es que somos la fuerza política de la ley, el orden y la democracia”. Ni el Clint Eastwood de Harry el Sucio se habría expresado así. Sin duda Ronald Reagan tenía frases muy parecidas. José Antonio Primo de Rivera, en el acto de la fundación de la Falange en el Teatro de la Comedia de Madrid el 29 de Octubre de 1933, proclamó: “El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas”. Así se define Podemos.
         ¿Se sorprenden ustedes de que la cuenta de Zaragoza en Común (marca blanca podemita) en twitter expresara su entusiasmo ante el gol de Piqué al equipo de la República Checa con un “Arriba España”? Este tuit lo borraron luego pero demostraba que en sus filas hay quienes emulan con entusiasmo patriótico a los antiguos cachorros de Fuerza Nueva, los Guerrilleros de Cristo Rey o al desaparecido diario del los “excombatientes” (de Franco, claro está) “El Alcazar”. No debe nadie extrañarse entonces de que el ultraderechista Ricardo Sáenz de Ynestrillas haya declarado ya en dos ocasiones (generales anteriores y autonómicas) haber votado a Podemos.
      Escribí hace más de año y medio un texto titulado “El lado fascista de Podemos del que no hablan La Sexta, Cuatro o Público”. No decía que Podemos como partido lo fuese sino que había un significado sector fascista en su interior. Hoy ya no estoy tan seguro de esa afirmación. Ese partido de ideología involutiva, con un líder saltimbanqui que afirmó en su día ser comunista, luego bolivariano -que no es lo mismo- después socialdemócrata y que acaba de admitir que hay un sector peronista en la organización (“Yo diría que sí, que Podemos tiene rasgos peronistas. Seguramente, la lectura que hace Gramsci del Mezzogiorno italiano es algo que enseña Ernesto Laclau, padre intelectual de Errejón, a entender Argentina”) está experimentando una metamorfosis en la que las palabras “patria” y “patriotismo” son ya un clásico de su lenguaje político. No vale decir que en América Latina la expresión “patria” es muy usada por los movimientos progresistas. Allí la descolonización española fue sustituida por el imperialismo norteamericano. Reivindicar aquella es un modo de reclamar la soberanía antiimperialista de los pueblos. En Europa en cambio, sabemos muy bien lo que significaron en el siglo XX las invocaciones nacionalistas a la patria, y en España particularmente. De ahí que cobre sentido la frase de Samuel Johnson “El patriotismo es el último refugio de los canallas”, especialmente hoy cuando los fascismos europeos vuelven a invocarlo. Pero hacerse fascista no es cosa de un día. Nadie se acuesta una noche “socialdemócrata” y se levanta a la mañana siguiente diciendo “Hoy tengo ganas de invadir Polonia”. Por mucho que haya dormido toda la noche con los cascos puestos mientras suena “La Walkiria”de Wagner.
           Así pues, que el director del CNI (servicios secretos españoles) afirme “Con Podemos actuaría igual que con los demás gobiernos” tampoco debe ser causa de asombro. Las cloacas del Estado burgués, como primero hicieron con Felipe González, han homologado como a uno de los suyos a Pablo Iglesias. Y es que si llevas en tus filas a un amigo de los USA, según reveló Wikileaks, el ex JUJEM con Zapatero, Julio Rodríguez, encargado de la parte española de los bombardeos a Libia, te ha bendecido en reunión el embajador del Imperio e Infovaticana informa en campaña que el Papa te recibirá en Septiembre, está claro para qué sirves, a quiénes y a qué intereses.

Publicado el 15 Sep 2016

martes, 6 de septiembre de 2016

HABLEMOS DE LA IDENTIDAD POLITICA


                               CUADERNOS DE PEDAGOGÍA POLÍTICA )

             
Por  Beniezu


    LA LLAMADA  "DEMOCRACIA BURGUESA" es precisamente eso mismo, BURGUESA, que para nada interesa a los trabajadores. Es un tipo de democracia específicamente diseñada e implementada para servir a los intereses  fundamentalmente de la clase social burguesa, empresarios, banqueros ,especuladores, oligarcas etc.. en una palabra a los detentadores de los resortes de la economía capitalista. Y no caigamos en el error de  considerar a esa “democracia” como un concepto universal y absoluto aplicable a todas las clases sociales, a todo el mundo como se suele decir. Es un tipo de democracia que satisface  y reconoce   exclusivamente a la burguesía como clase social, y a su propia clases social como único sujeto político. Y esto es importantísimo entender  porque  es  la causa de que  cuando los politiquillos profesionales del Sistema  nos embaucan  en sus campañas electorales con sus grandilocuentes  programas políticos que afirman  van a  solucionar los intereses de la "ciudadanía" no es mas que  burdo engaño, pues mezclar y unifica a todo el mundo en esa identidad única llamada "ciudadanos" incluyendo a empresarios y trabajadores, ( mezcla politicamente imposible de darse pues se repelen) pero esta identidad es solo para pedir el voto a los trabajadores, y tras las votaciones se olvidan de ellos y los políticos gobiernan para las clases económicamente poderosas de la burguesía y así se puede entender las frustraciones  de esa parte de la población que trabaja ( cuando puede ) y mal vive, y una y otra vez comprueba que los “políticos” prometen mucho pero no dan nada. Pero si que dan, pero es  a la burguesía y es lo que quitan a los trabajadores. Porque, ya se sabe  que el capital no se destruye, solo cambia de  manos.


        Y para entender esto es preciso conocer el concepto de clase sociales, lo que significa pertenencia a una clase social determinara, que será la que define  su identidad política concreta  y esta identidad definirá  los distintos y diferenciados  sujetos políticos que componen las sociedades controladas por la  burguesía.



                                    Hablemos de la IDENTIDAD  POLITICA


           Es aquella identidad política individual o colectiva que se puede distinguir de otras identidades fundamentalmente diferenciadas en intereses económicos, sociales, políticos, culturales etc. Intereses diferenciados que suelen tener como sujeto político  a un individuo, clase social, raza, cultura, nacionalidad etc. que hace  que estos sujetos se suelen identificar y asociar entre ellos en asociaciones, partidos  políticos, frentes etc. uniéndose y organizándose  para poder defender mejor todos aquellos intereses que les son comunes.



  
            Y esta identidad, en el campo político practico adquiere  la forma de sujeto político, que puede ser de forma individual o colectivo y que en el terreno operativo se traduciría  en el derecho al voto individual, voto  que seria para aquel partido que defendiese su propia identidad,  o bien de forma colectiva, donde este colectivo con identidades e intereses comunes  adquirirán la necesidad y el derecho a  agrupándose en torno a un partido político  donde todos sus miembros  serian afines a esa identidad.

          De esta forma y refiriéndonos a la clase trabajadora , tendríamos la definición del partido político, como aquel organismo que asume y defiende unos intereses condensados en múltiples  identidad política comunes  y en el terreno político practico su función fundamental  seria la de representar a la clase trabajadora bien como testaferro de esta ,como la vanguardia y dirigente de sus luchas, como generadora de representantes y candidatos para competir en el sufragio universal etc .etc.           
           Y aquí entraríamos entrando en las claves de la democracia burguesa en abstracto  donde nos dirán que en su democracia y su sufragio universal, los ciudadanos tienen derecho a construir un partido para que defienda sus intereses y derechos  y además tienen el derecho de votar a quien ellos quieran, que se supone debería ser al partido  que crean que respete estos derechos. Pero esto, que suena tan bonito tiene su truco, porque  la burguesía no nos hablaran nunca de la identidad de clases diferenciada, nos hablaran siempre de “ciudadanos” de toda la población adulta  con derecho al voto a la que considera de una misma identidad y por tanto con los mismos intereses y derechos políticos.

           Nos dicen que obreros, patronos, banqueros, terratenientes, oligarcas que nadan en la abundancia y obreros, tenderos campesinos, trabajadores en el paro desahuciados y angustiados…,nos dicen que  todos tiene los mismos intereses necesidades y la misma identidad política y por lo tanto pueden votar a los candidatos que ellos escogen pues este los va defender. Esta barbaridad es tan burda que da vergüenza ajena contarla  y sin embargo está totalmente  asumida por los trabajadores gracias a las técnicas de la manipulación mediática capaz de hacer el milagro  de transformar el agua en vino.

        Y es el “detallito” de que a los trabajadores no se  les reconoce su identidad política que es lo que determinaría un sujeto político propio, es decir, a un colectivo con identidad propia y diferenciada de los demás identidades. Y de este modo, sin identidad de clase social trabajadora, es decir sin rango de sujeto político propio y diferenciado para competir de igual a igual con otras identidades, la más importante y antagónica, contra  la burguesía, lo que supone que la clase social trabajadora se encuentra desarmada y derrotada de antemano, aun antes de las elecciones, sin un partido propio que les represente y a quien poder votar con efectividad. La farsa de la presunta “democracia burguesa” es monumental pues siempre en todas sus elecciones ganara la identidad burguesa, cualquiera de sus partidos pues todos ellos representan a la identidad burguesa y claro esta no hay partidos de identidad proletaria.

      Y esta es la trampa principal de la llamada “democracia burguesa” donde sus diseñadores y escribientes de la Constitución burguesa solo consideran sujeto político a su propia clase social burguesa. Y así en su juego electoral solo compiten partidos de identidad burguesa. No se denominan así, claro, incluso alguno se autodenomina como “Partido Socialista” pero la realidad es que de socialistas nada pues todos ellos no solo legitimaban el Estado burgués y su Constitución que niega  identidad propia a la clase trabajadora  sino que su misión no es otra que la de afianzarlo y legitimarlo con la farsa de las elecciones.

    La burguesía para solucionar esta fragante conculcación de derechos políticos  se ha inventado el concepto de “ciudadanos” que no es más que un concepto político  hibrido engañabobos con el fin de intentar difuminar el concepto de clases sociales que implica la existencia de dos clases diferenciadas y antagónicas, y pretende nada menos que con un juego de palabras fundir dos conceptos antagónicos, la clase trabajadora y la clase burguesa, en un solo concepto llamado “ciudadanos”.

    Y esto que para algunos es banal, es en realdad una de las triquiñuelas clave de la ideología burguesa para confundir y manipular a la clase trabajadora, haciéndola ver que tiene derechos políticos pero solo como individuo en abstracto y nunca como clase social, y de este modo será sujeto político solo para votar individualmente pero no se les permite ser sujetos políticos como clase social, con derechos e intereses propios y diferenciados de la burguesia, lo que supone que no pueden organizarse como partido político diferenciado mostrando su identidad propia de clase trabajadora y presentar candidatos y programa de gobierno propio etc. etc.

           Y esto traducido a parámetros de representación democrática vemos que los trabajadores solo pueden votar a partidos y  candidatos con identidad burguesa, es decir, a sus contrarios, lo cual en la práctica es una pérdida de tiempo absoluta, es como un partido de futbol amañado, nuestro equipo siempre perderán porque el campo de juego, el árbitro, los linieres, y hasta los jugadores están al servicio del equipo contrario.

          En realidad el sistema capitalista,  y la clase social que lo sustenta, solo se reconoce a sí misma con identidad política legal, ignoran olímpicamente a la clase trabajadora y su  derecho democrático de constituirse como identidad política propia, lo cual los invalida y ningunea en todos aquellos derechos de representatividad que la burguesía se los arroga para sí misma.  Se podría decir que estamos ante una dictadura encubierta, pues se prohíbe a su enemigo politico principal organizarse y participar en plan de igualdad en unas elecciones para elegir gobierno.
        
     Los trabajadores, como clase social, no podrán organizarse como partido de clase, de acuerdo a su identidad como clase social trabajadora, no podrán por tanto organizarse como tal y construir un partido de clase  con un programa político de clase que  caso de ganar las elecciones, podrían tomar el gobierno y efectuar cambios y reformas progresistas que beneficien a los trabajadores.

         Pero como la burguesía ostenta todos los poderes del Estado : el judicial, el legislativo y el ejecutivo, no  permite modificar la Constitución, que ellos la escribieron, y por lo tanto los trabajadores se deben limitar  a aceptar lo que hay votandoa  partidos de la burguesía, y asumir programas políticos que solo beneficiarán a la burguesía, y esperar que alguno de estos partidos tenga en su programa proyectos y mejoras populares, migajas que serian dadas si la presión de la calle seria proporcional.  Y claro, en todas las elecciones, siempre ganaran cualquiera de sus partidos, todos ellos con identidad burguesa, que representaran con sus leyes y  sus gobiernos los intereses de la  burguesía, del capital, de las oligarquías, del FMI, del imperialismo, etc.,

       Y en este sistema capitalista que les queda a los trabajadores, callarse y votar a sus enemigos que es una forma de legitimar su modelo de explotación y de opresión, asumiendo la degradante condición de “ciudadanos” epíteto que pretende anular  su autentica condición de clase trabajadora,  diluyéndola en una ficticia y amorfa condición de subclase social, que pretende castrarles de sus atributos de clases social. Todo para anular a la clase trabajadora  de su necesario e  inevitable destino de clase dirigente y ocupar su puesto en la historia de implementar una sociedad libre y  equitativa.